lunes 23 de noviembre de 2009

Rey ayer, hoy, siempre



El sábado 21, la hermandad de la Borriquita cumplió su ritual de celebrar la festividad de Cristo Rey. Ya he perdido la cuenta de los días de Cristo Rey vividos con la hermandad. Pero me gusta ese día. Noviembre es un mes raro; es el puente a ninguna parte y a todas. Un mes silencioso, oscuro, de paso. Triste. Pero en ese mes abrimos un hueco en el corazón confrade para mirarnos en sus Ojos. Sencilla imágen pero un mensaje profundo y prolongado.
Una 'función principal de instituto' que, al margen de su rimbombante enunciado, me atrae porque es quizá el único momento del año en el que me detengo en un hondo pensar en torno a la hermandad de 'La Borriquita'. La misa fue especial y, como pocas veces, nos metió de lleno a todos; pero no como espectadores fríos e impasibles que asienten a palabras que muchas veces no llegan, no... Nos gustó. Nos sentimos atraídos, queridos, animados, orgullosos, cálidos en la palabra y deseosos de seguir mirando al frente.
Cada año puede parecer igual, pero cada misa de Cristo Rey es distinta y única; quizá porque esa capilla de traza simple y casi sin valor artístico encierra un espléndido retablo de amor intenso, alegría y esperanza.
Por eso, quizá, la gente de esta hermandad tiene siempre sobre su corazón una especie de 'morriña'. Porque todos nos hemos sentido parte de la simplicidad y sencillez del rincón dominico, plantas del jardincillo de afuera y esa media luz tan divina de aquellas tardes de Domingo de Ramos cuando los pasos estaban dispuestos y preciosos, listos para salir.
La capilla es un simbolo para todos nosotros. Y al traspasar su puerta de líneas anodinas y huerfanas de barroco nos golpea en las almas una bocanada de aire celestial. La Borriquita 'vive' alli. Nos referimos a 'la Borriquita' en un único todo que enmarca la imagen de Cristo subido a lomos del burro; un burro que mira de reojo y que el día menos pensado nos soltará... ¡No os olvidéis de El, solo sonríe si seguís sus pasos!.
Asi que, cada año, montando una y otra vez su recoleto y efímero altar para SU DIA, el estomago nos da un respingo porque nos sentimos felices de ser parte de algo más que un sueño cofrade que va durando años y lustros... Somos parte de un proyecto de Fe que se construye cada día desde que, una vez, nos miramos en los ojos de... La Boriquita. ¿Es o no es?

jueves 19 de noviembre de 2009

Lo que perdimos


La imágen vale por si sola. Ya ha llovido (Lunes Santo de 2003). La comitiva roja y blanca de la hermandad del Huerto se plantaba en la calle desde el patio de los agustinos. Ese año le pilló el cambio de hora y las nueve de la noche fueron un escenario de luz y ocaso. Poco quedaba para que el cortejo saliese y se recogiese, cada año, en su casa de hermandad de la calle de las Cañas. Casi todas las hermandades de Motril tuvieron que sacrificar, alguna vez en su historia, su mejor marco urbano. Nuestros templos nunca fueron fáciles de utilizar para arrancar o recoger una procesión: Puertas pequeñas, escasa altura y no pocas historias para no dormir con algunos 'directores espirituales'. A medida que el patrimonio cofrade se fue creciendo, a medida que se alzaron palios y se ensancharon respiraderos y canastillos hubo que buscar otros lugares para guarecerse, para salir en procesión. Las casas de hermandad fueron la solución a todo ello y el fin para un quebradero de cabeza (La Esperanza tenía que montar su paso en plena calle varias horas antes, cosa que sucedió hasta la semana santa de 1992. El misterio del Gran Poder se vistió a pleno sol su primer año... Por no contar las peripecias de la hermadad de la Borriquita, a cielo raso, durante varios años en el patio de las dominicas, etc...). En el caso del Huerto, su junta de gobierno y costaleros llegó a pasar noches de auténtico infarto con vendavales tratando de tumbar el tinglao, lluvia y mil inconvenientes mas. La calle de las Cañas dio estabilidad y tranquilidad a los preparativos y a la propia procesión, pero le restó el encanto de su entorno. Es el precio.

No me he olvidado del Perdón. Su entorno natural, su marco y devoción sin límite estarán siempre en la plaza del Carmen. Y quien diga lo contrario atenta contra la esencia misma de una hermandad que simbolizó la QUERENCIA con mayúsculas de toda una zona hacia unas veneradas imágenes. Ahora bien... Los pasos actuales no son, ni mucho menos, aquellos pequeños tronos de antes; luego cualquier opción (Iglesia Mayor, casa de hermandad del Nazareno...) es aceptable y asumible por pura lógica y respeto al patrimonio de la cofradía carmelita... Pero es que la preciosa imagen de los dos titulares en la recoleta plaza, frente a la iglesia de hechura pueblerina... Es algo que se mantiene en la retina de cientos de cofrades y motrileños. Esa plaza era el Perdón y el Perdón era esa plaza.
En el caso de la Soledad... Hermosa casa de hermandad. Impresionante... Pero la salida desde Capuchinos, con la Soledad cobijada bajo aquellos arbolitos que dan acceso al Templo... También se la jugaban con la lluvia, el viento y mil imponderables que se solucionarion con la soberbia y elegante edificación de la calle Santa Ana; pero la iglesia de la Pastora era su marco.
En fin. Nadie piense que hay acritud en lo que digo, sino un poco de nostalgia. La misma que -he comprobado- comparte mucha gente que se ha dado cuenta de que, por mor de mayor comodidad, seguridad para imágenes, enseres y personas hemos perdido un considerable tanto por ciento de sabor, de esencia, de momentos irrepetibles. Y... ¡Por Favor!, adelantad vuestros horarios de salida, disfrutad la tarde y evitad las calles flanqueadas solo por escaparates y cristaleras. ¡Recuperad vuestros barrios, vuestras calles de siempre y vuestra gente...!. ¿Me estoy saliendo por la tangente?.

martes 17 de noviembre de 2009

Una de oropeles

“La semana santa comienza hoy a las ocho y termina a las doce de la noche”. Tamaña sentencia, dictada por la ‘sapiencia’ de más de un autoproclamado cofrade, terminó por convertirse en un chascarrillo de capilleo hace ya muchos años. Era una manera burda y casi ofensiva de proclamar que la semana santa comenzaba y acababa con la salida y recogida de la procesión de una sola hermandad, una hermandad que se renombraba a sí misma como de tronío, de señorío, de tradición y ‘de banqueros’.
A las generaciones nuevas que nos arrimábamos, por aquellos entonces, a la semana santa, esa expresión se nos antojaba un arma peligrosa que ponía en peligro la confraternidad con la que los más jóvenes habíamos ingresado en aquel mundo. Nunca entendí eso, ni el porqué aquella cofradía miraba con tan malos ojos a aquellos de sus miembros que simpatizaban con el resto, a los que admiraban la procesión del Gran Poder –por citar un ejemplo-, iban a tomarse una cerveza a ‘la Burra’ o simplemente echaban una mano en cualquier otra que, por esa época, comenzaba a despuntar.
Lo de ‘Al enemigo ni agua’ iba ni a pelo con esa cofradía. Efectivamente, en la calle era la mejor, la más ampulosa, la más soberbia, la más efectista, la más costosa, la más todo. Pero en su interior se gestaba el exclusivismo más absoluto que la llevó a granjearse la antipatía del gremio cofradiero de la ciudad. Corrían los primeros años 90. Todos aquellos de mente más abierta fueron apartados. Pero con lo que la hermandad no contaba es que todas aquellas otras que parecían cofradías jóvenes, pobretonas, de poca ‘puesta en escena’ terminarían por encarnar la mayor revolución cofrade, costalera, estética y humana que ha vivido la semana santa de Motril. Aquellas cofradías jóvenes, en los albores de los 90, son los auténticos bastiones de nuestra pasión, su mayor y mejor ejemplo. Y lo mejor de todo es que todas ellas se han crecido sobre los pilares de la humildad, de compartir enseres, cuadrillas y afectos. Esta nueva hornada cofrade que ya ha abandonado su juventud y empieza a ser adulta se edificó sobre valores más auténticos y profundos que el tronío, el señorío y ‘los banqueros’ (con todos mis respetos a los banqueros). Pero lo mejor de todo es que aquella hermandad que tanto las ignoró no se convirtió, para las demás, en objeto de ira o revancha, sino en una hermandad a la que tanto entonces como ahora se la respeta, porque acoge y arropa con cariño a Jesús y a María. Y eso, al menos, lo hacen bien.
Pasados los años, y para los que todavía no se hayan enterado (que puede quedar todavía algún rezagado): La Semana Santa de Motril comienza el domingo de Ramos a las 5.30 de la tarde y concluye el domingo de Resurrección a las dos y pico. Cualquier otra interpretación no nace más que de mentes obsesivas y, por supuesto, nada cofrades. Por mucho oropel que se pongan sobre los hombros o en las bocamangas de sus túnicas raídas y viejas.

martes 10 de noviembre de 2009

Hoy quiero saldar una cuenta


Dos hombres que han hecho historia en la semana santa de Motril. Uno porque era un auténtico libro abierto sobre nuestra particular y sencilla manera de ver y querer nuestras tradiciones, nuestra semana santa; y otro porque tanto corazón le puso a su empeño cofrade que ese corazón terminó por quebrarse. Pero dos hombres que deben constar y rezar con letras de oro fino sobre el terciopelo granate del esfuerzo más sincero, del compromiso más auténtico.
Con aquella voz quebrada, Pepe Díaz lidió en una época difícil para nuestra semana mayor. Aquellos años de penurias y de ramajes verdes para tapar tronos y respiraderos hechos con tela metálica de gallinero. Pepe conoció eso y el resurgir. De ahí al esplendor. Su casa era un hervidero de querencias cofrades, un refugio de mil anécdotas cuajaditas de cariño. Tuvo la inmensa suerte de asistir al parto de uno de los mejores proyectos cofrades de la ciudad, el Perdón. Y en esa hermandad ostentó un cargo del que nunca presumió, sino que aceptó desde la humildad más castiza y casi conmovedora. Le recuerdo narrando su procesión en Telemotril, un lejano Martes Santo de principios de los 90..., cuando la Dulzura se paseaba bajo aquel precioso y sencillo dosel sustentado por varales de baranda niquelados... ¡Joder, Pepe!... ¡Qué cariño ponías para hablar de la semana santa... Cuanta sinceridad... Cuanto corazón, buen hombre!. ¡Como le gustaba Motril.... Cómo disfrutaba vendiendo esas magdalenas de las monjas sobre el viejísimo mostrador de la no menos vijeísima librería El Faro!...
¿Cuantos como él no necesitaríamos hoy para levantar tanto espíritu dormido, tanta falta de unión, de conexión, de cariño, de hilo de plata que debería unir -teoricamente- a tantos con tantas hermandades.
La noche que José Antonio Martínez Bustos (A quien, con todo honor llamo públicamente MI AMIGO) se llevó a Pepe Díaz a presidir el traslado de Cuaresma de SU Cristo del Perdón (2005), la magia se soltó como una paloma que huye de entre las manos y revoloteó por toda la iglesia mayor. Dos generaciones lejanas se unían. Dos hombres buenos, comprometidos y revolucionarios caminaron juntos hasta el Carmen dando una lección a quienes no fomentan más que el odio y la deshonra.
José Antonio llegó a dar tanto que se agotó el pozo que surtía de ilusiones a su mente inquieta. Pero lo peor no fue eso. Lo peor fue que a fuerza de dar, de regalar, tanta amistad, tanta inquietud y tanta fe por su cofradía no recibió más que latigazos, como si de un proscrito se tratase. Su marcha era el único fin lógico a una trayectoria corta pero brillante, brillantísima e inolvidable. Nunca un hermano mayor en toda la historia de la semana santa de Motril fue capaz de tirar de tanta gente, de implicar tanto, de meterle en las venas a tantas personas el amor por una hermandad y una fe inquebrantable en sus sagrados Titulares.
El, que consiguió tanto, solo buscaba en el fondo lo más sencillo y a la vez hermoso: Unir a los suyos.
Cada vez que José Antonio venía o llamaba por teléfono -lo que este hombre pagaría en facturas- me echaba a temblar porque, pidiese lo que pidiese siempre en relación a su hermandad... No podría negarme ni por asomo. Así terminé vestido de acólito o trabajando de camarero en la Cruz o en la caseta de la Feria. Terminó por hacerme mirar a los ojos del Preso. Una vez hice eso, y me contemplé reflejado en esas retinas tan dulcemente tristes, comprendí que un milagro no tiene porqué ser un hecho grande, sino que basta con que un amigo te diga... ¡Ayudame compañero!. Yo ayudé alguna vez a José Antonio a aportar mi granito de arena a su -también mia- hermandad y os juro que no me arrepiento lo más mínimo.

En cierta ocasión, Jose, te dije que escribiría. Hoy lo hago con toda la claridad que me permite la lucidez del mes de noviembre. Hoy quiero saldar una cuenta contigo. Y lo hago dando mi nombre y no escondiéndome, como deben hacer los que no tienen miedo.

Seguro que si Pepe Díaz te observa ahora mismo, te dará una buena palmada en la espalda. Porque, te digan lo que te digan, siempre hiciste lo correcto.

GRACIAS, AMIGO.

martes 27 de octubre de 2009

Por más que cien años pasen...

Por más que cien años pasen, hay imágenes que se mantendrán en la retina de todos nosotros. El movimiento costalero arrancó con fuerza en Motril apadrinado por el denominado 'estilo malagueño'. Ahora miramos hacia atrás y muchos (yo no) se sonrojan... ¿Acaso no forma parte ese estilo y esos costaleros-portadores de un momento histórico o intrahistórico imborrable e intrasnferible?. ¿Acaso no supuso aquello el gérmen de lo actual?.
Ya... Ya... Luego adoptamos la trabajadera granadina (no lo olvido, soy costalero) y ahora el costal comienza a imponerse. Vale, todo de acuerdo. Pero no neguemos lo que fuimos ni nos avergoncemos de nuestro pasado cofrade. Todo hecho, tendencia, instante e imágen pasado y ocurrido debe servirnos, simpre, para construir el futuro y mejorar el presente.
Eso si, que nadie nos quite lo bailado y a muchos de los que vivieron aquellos años que no venga nadie a discutirles nada... Porque esas noches interminables arrimando los hombros les abrieron el paso a una generación entera de jovenes costaleros que hoy, igualmente, labrarán el camino de los que vengan detrás.
Eso si... El miedo que muchos pasaban (mos) bajando las escaleras de la iglesia Mayor aún se nos recuerda en la boca del estómago. Y, sino, que se lo digan al capataz de la Esperanza -entonces Juan Alcausa- o al del Santo Sepulcro. Los pobres se quedaban sin respiración hasta que el último costalero de la cola no ponía pie en la plaza.
Qué tiempos... Pero ya hablaremos, ya....

jueves 22 de octubre de 2009

'Ser Cofrade'


Todo en esta vida tiene un comienzo y un final. A mi me tocó vivir –y disfrutar muchísimo- el comienzo. Hablo de ‘Ser Cofrade’. Todavía, casi siete años después, me resulta difícil comprender cómo y porqué aceptamos coger aquel toro y liadiarlo durante tanto tiempo. Aquel toro era un programa de radio semanal. Los toreros, un grupo de buenos amigos bien curtidos en la semana santa y un servidor que –por aquellos entonces- sumaba meses en la nómina de la Ser, en Motril y celebraba, en plena cuaresma de 2002, el nacimiento de mi hijo pequeño. La plaza, el coso.... Era el enorme escenario urbano de nuestra semana de pasión.

Desde luego, y a pesar del programa anual, el plato fuerte era (sin duda) el directo de todas y cada una de las procesiones de semana santa. Para mi, que debía de cubrir el flanco diario de la información y el deporte local; añadir tres o cuatro horas de retransmisión cofrade a la jornada laboral y meternos –casi a diario- en la madrugada, suponía un auténtico descalabro... Pero había días y noches en que eso no importaba. El cansancio lo suplía la dosis de compañerismo, de vivencia casi interior y en comunión con las hermandades, de anécdotas y hasta ‘culazos’ en plena calle por culpa de correr de un lado a otro.
Ser cofrade me privó, durante tres años, de poder participar en la estación de penitencia de mi hermandad de ‘la Borriquita’, pero también me regaló el poder disfrutar su recorrido procesional como un espectador privilegiado que se metía -como los ratones- por todas las rinconeras penitenciales (bajo los pasos, y hasta bajo los hábitos.... jjjj) con tal de ‘radiar’, de transmitir al oyente la emoción que se cocía por todos los intersticios de la pasión motrileña.
Mal comíamos cada noche y los escasos botellines de agua o cervezas que podíamos pillar hasta nos sentaban mal (había que beber de un trago y salir corriendo llevando en la mano un micro y más de veinte metros de cable enrollado, pues solo contábamos con un ‘inalámbrico’). Había quien nos miraba de reojo; los rifirafes con la policía local eran continuos por culpa del estacionamiento del coche con la unidad móvil; algunos hermanos mayores presionaban de vez en cuando porque –al parecer- nuestros comentarios ‘les herían la sensibilidad’ (había uno que se quejaba a diario...Jjjjjjjiiiiijjj). Otros, sin embargo, se emocionaban y llamaban al control de la emisora para que nos hicieran llegar los mensajes de ¡ánimo! por línea interna...
Nunca olvidaré un Lunes Santo en que Manolo Terrón y yo intentábamos, con toda fidelidad y no poca emoción, contarle a los oyentes porqué y de qué forma resultaba tan bonito el tránsito de la hermandad del huerto por Señor de Junes. Tanto, tanto verbo florido le echamos a aquello que un conductor que nos escuchaba, a medio camino entre Granada y Motril, metió la quinta y llegó a tiempo de ver el palio de la Victoria señoreándose frente a la ermita. El hombre nos buscó para decirnos que, escuchado lo escuchado y siguiendo al punto nuestras palabras “no podía perderse esa procesión y esa calle por nada del mundo”.
Claro que no todo eran instantes mágicos. Un martes santo, mientras intentaba poner en marcha el punto fijo de calle Nueva, Antonio González me sorprendió con un grito en antena y una frase demoledora... ¡Algo ha ocurrido, algo gordo ha pasadooooo!. Un sonido fuerte se escuchó en la plaza de la Aurora, que por aquellos entonces estaba vallada y en obras. Se produjeron momentos de incertidumbre y carreras de nazarenos calle Nueva arriba... En la mente de todos estaban los sucesos de la madrugá sevillana del año anterior y en nuestro fuero interno todos intuíamos que, en directo y micrófono en mano, era la ocasión de oro para lucirnos retransmitiendo una ‘espantá’ en toda regla. Lástima que el sonido –como un petardazo- no fuese más que el golpe que dio un niñato contra la chapa metálica de las obras y no un disparo al aire al estilo de ‘Nadie conoce a nadie’. Para deshacer aquel lo, Antonio remató la faena con un antológico... ¡Nada, nada... Se trata de jóvenes que parecen no estar incardinados en la sociedad...!. Aquello fue el descojone.... Al menos nos reímos contando como corrían algunos ‘penitentes’ sin saber porqué....
Algunas veces también nos afectó o se nos contagió la tensión. Nunca olvidaremos el desagradable espisodio ocurrido durante el regreso precipitado y en tropel de la hermandad de ‘La Borriquita’ el año que su Virgen estrenó su increíble palio azul. El aguacero convirtió en un suplicio la última hora de retransmisión, no por motivos técnicos, sino porque estábamos relatando los detalles de una procesión rota y como los costaleros se echaron a tierra, con el palio encima, para entrar en el recinto de las Dominicas, mientras el agua caía sin piedad. Fue tremendo.
Los miércoles eran especiales. Curro y yo compartíamos honores en la salida de la Salud. En cierta ocasión, Curro repitió tanto lo de la ‘reina’ del miércoles santo -refiriéndose indistintamente al Mayor Consuelo y Mayor Dolor- que no pude evitar terminar riéndome a su costa y advirtiéndole que cómo siguiese poniendo ‘reinas’ a la jornada cofrade, el miércoles santo terminaría siendo una ‘baraja’.
En el control, desde la emisora, Antonio Maldonado controlaba todo y gracias a él conservamos algo así como cincuenta cd´s llenos de horas y horas de magia, de sentimiento. Antonio, y lo supimos mucho tiempo después, grababa también nuestras conversaciones en los tiempos muertos de la publicidad (Si se hicieran públicas, aún varios años después, tendríamos una buena....)
Creíamos en lo que hacíamos.
Hacíamos lo que creíamos...
Y también.. Muchas veces, lo que queríamos.
Eramos dueños y señores de nuestras palabras, de nuestros sentimientos, de nuestros hechos, de nuestras críticas... De nuestras risas.
Nos dejábamos llevar, caminábamos junto a los pasos, nos sentíamos costaleros y acólitos... Cuantos sonidos bebimos, cuantos aromas cenábamos cada noche... Cuanto tiempo vivido intensamente... Cuanto silencio nos imponíamos siempre delante del Cristo del Perdón...
Para mí aquella experiencia concluyó en 2005. Un año después también finalizó para el resto del equipo. Hoy seguimos juntos, pero en nuestros menesteres y quehaceres cofrades y a veces hablamos y hablamos de aquellas jornadas agotadoras que nos hicieron vivir la semana santa de Motril desde un punto de vista tan cercano que hubo momentos en que nos sentíamos hermanos de todas las hermandades.
Fue un momento, una época única e irrepetible. Para nosotros no hubo ni un antes ni un después. Fueron solo esos pocos años. Años hermosos...
Era tal la complicidad y la comunicación con el oyente que, a poco que te equivocases en algún dato... Siempre había alguien que avisaba para que corrigieses; y eso nos daba mucha más satisfacción, pues sabíamos que nuestras palabras no se iban con la brisa de la primavera motrileña, sino que esta se estaban colando en el alma de muchos de los que entienden que en este mundillo manda, por encima de las ordenes de los capataces, de los mandatos de hermanos mayores y diputados, el corazón de la buena gente.

martes 20 de octubre de 2009

Pastora


Así era la procesión de LA PASTORA, en los últimos años de la década de los ochenta. Aún subía a la calle Ancha y la cruzaba prácticamente entera. José Santiago se empeñó en volver a esa calle y lo ha conseguido en una ocasión durante su mandato como hermano mayor. Es esta una procesión de indudables reminiscencias nostálgicas, bien entroncada con nuestra manera de ser y sentir y llena de colorido, sabor e indudable fervor.

Este año, como ocurre desde hace décadas, desde hace siglos, 'La Divina' señoreó por su barrio, por los pisillos y de nuevo visitó a los ancianos de Santa Amelia (los de San Luis la saludaron en su salida). 'La Pastora' fue, de nuevo, luz y alegría del tercer domingo de octubre. Con ella se cierran las grandes celebraciones marianas de la ciudad; pero, durante los próximos meses, nos quedará un dulce recuerdo de una tarde templada en la que la cuadrilla de costaleros mandada por mi amigo Sergio y 'comandada' por Kiko estuvo muy a la altura, haciéndonos disfrutar a todos y a ellos mismos por su brillante trabajo.
Decía Sergio en Onda Cero que recordaba cuando su tio Paulino cogía de la mano a Jose Santiago y a él mismo y los llevaba a ver como se prepararaba el trono. Ya han pasado años; pero la devoción no pasa ni se extingue: Se asienta, toma cuerpo y la hacemos más nuestra y profunda.
Solo Jose sabe el quebradero de cabeza que se tiene que sufrir para pone esta procesión en la calle. El nunca lo dirá públicamente, pues puede más su discreción y pudor... Pero yo si lo digo: La de marrones que se ha tenido que 'comer' esta criatura durante estos años. Eso sí, le compensa la satisfacción de ganar amigos y el hecho de que su 'Pastora' se pasee por las calles de Capuchinos casi 'azuzando' a los tres borregos que juguetean en torno a sus faldas. Por cierto... Uno de ellos es más malo que el hambre, a juzgar por cómo mira... (Observación hecha por Kiko)...
En fín, que estoy liando ya la madeja.
Lo único que pretendía era reconocer el trabajo de la gente de la Pastora. La gente de las hermandades se merece que, de vez en cuando, les demos todos un empujón. Para criticar ya están los que se dedican a eso, porque no tienen otra cosa que hacer en la vida.